Alicante entre nieblas


Por Olga Rodríguez Hendley

Es el 7 de Abril del 2014 y desde el mar entra una densa niebla como si de un tsunami se tratara, quedando a orillas de Alicante, queriendo entrar en la ciudad.

Poco a poco la niebla fue tomando forma gracias al contraste de las frías temperaturas del mar y las cálidas temperaturas diurnas, permaneciendo estancada durante toda la tarde, hasta caer la noche, sin apenas sobrepasar unos cuantos metros tierra adentro.

Yo estaba ajena a lo que estaba sucediendo... me encontraba de regreso del trabajo cuando pude observar una capa de nubes que parecía humo, por su color oscuro. En un primer instante, pensé que se trataba de algún incendio importante que se estaba produciendo en la ciudad, pero según me fui acercando a la costa me di cuenta de que se trataba de una grata y poco frecuente visita: una gruesa y espesa capa de niebla.

Rápidamente me dirigí al Castillo de Santa Bárbara, ya que supuse que sería el lugar más alto para observar el mar de nubes. Una vez arriba, nada más asomarme a uno de sus miradores, pude contemplar estas maravillosas imágenes que, por primera vez, yo veía en la ciudad de Alicante.

La Serra Grossa (161 msnm) emergía de entre las nubes, y sólo se divisaban los edificios más altos, aquellos en primera línea de playa.



Solo las azoteas de los edificios más altos resistían el "abordaje", el resto de la costa se escondía bajo el denso manto.



Los minutos pasaban, la niebla iba retrocediendo poquito a poco, y ya se podían ver más edificios asomando. Aun así seguía siendo espectacular, parecía como si el mar se alzara sobre la ciudad.



Seguí ascendiendo por el castillo y fui observando la evolución de la niebla. Los edificios en primera línea de playa frenaban valientemente el avance de la niebla.



A lo lejos, entre la neblina, se podía ver un barco mercante que más bien parecía un barco fantasma surcando entre las tinieblas.



Me quede mirando las gaviotas con envidia, pues por un momento, quise ser como ellas y poder volar sobre el manto que cubría el mar. Esta gaviota en particular, me encantó, por como miraba el claro que se había formado en la niebla y que dejaba ver el puerto de Alicante.



Hacia el Noreste la niebla ya se iba desvaneciendo y retirando, pudiéndose volver a ver el mar y las estructuras que lo bordean.



El barco que surcaba entre la niebla seguía aún oculto en ella.



Y llegada ya a la cima, preparada para ver el paisaje más bonito de toda la tarde que ya se iba vaticinando según iba subiendo, y que no me defraudó, era un tsunami fantasma que engullía la orilla de la ciudad y que dejaba un manto blanco detrás de él con tonos propios de un atardecer.



En tierra firme la niebla que logró entrar se convirtió en extensos velos translúcidos que cubrían el interior.